Petorca, el pueblo de Chile que está cerrando escuelas por culpa de la sequía

Daniel González CappaBBC News Mundo

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Como una «violación sistemática» de sus derechos, no solo al agua sino también a la educación.

Así de tajante se pronuncia Nicolás Quiroz, director de la escuela básica Fernando García Oldini del sector Hierro Viejo de Petorca, una comuna rural de la región chilena de Valparaíso.

Esta escuela, que recibe cada día a 127 estudiantes, 46 de ellos en el ciclo de la tarde, ha tenido que reducir a la mitad su jornada de actividades por la megasequía que se vive en la zona.

Los cortes de agua se han extendido ahora de 2:00 a 6:00 de la tarde, afectando a todo un ciclo de estudiantes, que ya tenían que adaptar su horario por culpa de la pandemia.

Y es que en esta comuna, sus casi 10.000 habitantes dicen sentirse de manos atadas frente a los intereses de grandes empresarios que acaparan la poca agua disponible frente a la permisividad del Estado.

Cada verano es la misma historia: esperar a los camiones aljibe (también llamados cisterna), ver a los animales morir y hacer maniobras para aprovechar hasta al última gota como si fuese la última.

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El pasado marzo, el Tribunal Supremo chileno dictó una sentencia histórica para garantizar al menos 100 litros de agua por persona cada día frente a los 50 litros que se venían distribuyendo.

Pero ni los 100 litros han podido evitar el cierre parcial de las escuelas, que hacen malabares para mantener el rendimiento educativo.

«Es la primera vez que estamos ante una medida tan extrema y extendida en el tiempo», dice Quiroz. «El panorama es de bastante incertidumbre: no sabemos si vamos a tener agua o no, pero todo indica a que estaremos así hasta el próximo año».

Desde hace años, Chile ha vivido una megasequía que se ha agudizado principalmente en el centro y norte del país, con consecuencias nefastas para los habitantes del campo que ven por perdidas sus cosechas y animales de cría.

Pero la sequía no tendría las consecuencias que los habitantes de Petorca viven de no ser por la agroindustria, principalmente de palta, o aguacate, que se da prolíficamente en esta zona y que acapara el agua que tanto necesitan los habitantes.

«No es suficiente»

Quiroz lleva cuatro años instalado en Petorca, pero ya desde niño conocía bien la zona: su padre y su abuelo eran de aquí.

Así que siendo chico, Quiroz disfrutaba de las bondades de la vida del campo cada vez que visitaba Petorca. Y recuerda que una de sus actividades era bañarse en el río.

Se refiere a lo que es hoy el vestigio de un cauce, lo que otrora fue un río: piedras y tierra seca sin una sola evidencia de que por allí corría agua.

«Era una zona con mucha flora y fauna. Hoy en día no existe nada, es prácticamente un desierto», se lamenta Quiroz.

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Hoy los niños no saben cómo era el río, pero sí conocen el paisaje de su entorno: colinas marrones y grises adornadas por parches verdes que se extienden por cientos de hectáreas que representan los cultivos de aguacate.

Los maestros han tenido que retomar la modalidad de clases remotas. «Usamos plataformas como WhatsApp y Gmail. Invertimos como escuela para poder generar un aprendizaje remoto».

«Los dineros que teníamos según la subvención nos permitió comprar por ejemplo chips y tabletas, y generar las condiciones para que los aprendizajes se pudiesen desarrollar», dice Quiroz.

Sin embargo, el director certifica que dar clases vía internet en un contexto rural tiene muchos obstáculos.

«La cobertura de internet no es la mejor. Por lo tanto la conexión se corta, se pega. Hasta los profesores muchas veces no se pueden conectar».

Ello sumado a que la enseñanza a distancia «no tiene el mismo impacto, la concentración no es la misma».

La Fernando García Oldini es una de las tres escuelas de Petorca que han sido afectadas por los cortes. Pero hay otros servicios que están igualmente trabajando a medias, incluyendo la posta, el servicio de atención primaria para los ciudadanos.

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Según datos del último censo de 2017, la comuna tiene un total de 9.826 habitantes, de los que 2.453, o un cuarto del total, tienen menos de 18 años.

«Tuvimos que ir a la Corte Suprema para poder demandar al Estado de Chile y exigirle tener acceso a al menos 100 litros de agua por persona», explica Ignacio Villalobos, actual alcalde de la ciudad. «Pero necesitamos más de 100 litros para poder criar nuestros animales que son nuestro derecho, que son sustento de carne, de nuestra motivación económica y de nuestra identidad territorial rural».

No es la única voz que pide al Estado tomar acciones urgentes. En un oficio enviado al Ministro del Interior y Seguridad Pública de Chile el pasado 7 de diciembre, la diputada Carolina Marzán solicitó al gobierno que se evalúe el dictamen de un nuevo decreto que «declare zona de catástrofe por escasez hídrica».

Este recurso habilitaría a las autoridades competentes «a contar con herramientas normativas que permitan tomar medidas efectivas que garanticen el acceso al agua potable y al saneamiento de la población, así como también para resguardar el derecho a la educación de niñas, niños y adolescentes».

«Aquí en Petorca se violan sistemáticamente los derechos humanos: el derecho humano al agua, el derecho a la educación, el derecho a la salud. Es un problema integral pero que tiene que ver con el modelo, el modelo económico», recalca Quiroz.

El «oro verde»

Hubo un tiempo al que al aguacate se le conoció como el «oro verde» de Petorca, prometiendo empleo e ingresos para una región económicamente vulnerable.

Hoy, Petorca es la segunda municipalidad productora de aguacate dentro de Valparaíso, que concentra más de la mitad de la producción nacional, especialmente de la especie Hass, el más consumido a nivel mundial y con una estación de cosecha más prolongada.

«Desde esa mirada ya hay un error», asegura Villalobos. «El palto es una especie tropical. Y claramente introducir especies tropicales alteró todo el ecosistema».

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El Censo Frutícola del año 2020 da cuenta de ello: 8.134,56 hectáreas fueron destinadas al cultivo en la provincia de Petorca, de las que 5.078,1 fueron usadas para aguacates.

Y solo en la comuna de Petorca, el 47,7% de las hectáreas cultivadas se dedicaron a este cultivo.

Pero es una especie que requiere mucha agua, aclara Villalobos. «Un kilo de palta consume cerca de 342 litros. Y una hectárea produce cerca de entre 8.000 y 12.000 kilos de palta. Eso, circunstancialmente, es mucha agua».

¿Adónde se destina la producción? Un 67,2% se dirige a Europa, Estados Unido, China y Argentina. Mientras que un 32,7% permanece en el mercado chileno.

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Dueños del agua

¿De dónde sacan el agua los productores?

La respuesta, según las diversas fuentes consultadas, se encuentra en el Código de Aguas vigente desde 1981 a la par de la Constitución chilena de 1980.

«El problema que hay en la comuna de Petorca en conjunto con su provincia es que hay un modelo de producción de alimento asociado a los monocultivos de paltos que básicamente ha consumido gran parte del agua superficial y subterránea de la cual también se abastece la comunidad», dice el actual gobernador de la región de Valparaíso, Rodrigo Mundaca, en conversación con BBC Mundo.

Pero gran parte del problema radica en que Chile es el único país del mundo que tiene sus aguas privatizadas.

«En Chile, las fuentes de agua están privatizadas desde el año 1981, y la gestión de las aguas desde 1998 en adelante», dice Mundaca, quien también es uno de los fundadores del Movimiento de Defensa por el Acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente (Modatima).

«Entonces hay un modelo de privatización y mercantilización en torno al agua que prioriza la industria extractiva y no prioriza las comunidades, puesto que el derecho humano al agua no se encuentra consagrado constitucionalmente».

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Al no haber más agua superficial, se procede a extraer agua subterránea. Para ello se tiene que hacer una solicitud ante la Dirección General de Aguas, quien verificará en persona las condiciones del lugar.

Entonces la dirección autorizará a extraer una cierta cantidad de litros por segundo, explica Mundaca. Pero esa cantidad no siempre corresponde con la realidad. «En general lo que ocurre es que se extrae mucho más de lo que se encuentra legalmente constituido porque las herramientas para poder determinar instantáneamente lo que se está extrayendo hoy en día no se están instalando».

También ocurre que cada vez hay que cavar más profundo para conseguir agua.

«Los pozos de las grandes agrícolas extraen agua subterránea a 80-100 metros de profundidad. Es un pozo de captación de agua subterránea que tiene una infraestructura para extraer agua en rigor, una bomba que extrae el agua subterránea y la ingresa a los sistemas de riego con filtros y mallas».

Sin embargo, el alcalde Villalobos dice que han estado cavando 150 metros bajo la superficie de lo que era el río, sin conseguir agua.

«Simple y llanamente cuando digo que hay una ausencia de institucionalidad, también hay una ausencia de fiscalización in situ con respecto a los pozos de agua subterránea», dice Mundaca.

¿Qué dice la industria?

BBC Mundo se comunicó con Francisco Contardo-Sfair, director ejecutivo del Comité de Paltas de Chile, para que diese su versión de los hechos.

Contardo-Sfair reconoció que en esta provincia hay una «fuerte sequía». Pero, contrario a lo que dicen el director de la escuela, el alcalde y el gobernador, asegura que esta se debe más a razones naturales y no a la agroindusria.

«La sequía en Chile es enorme, pero es en la quinta región (Valparaíso), específicamente en la provincia Petorca, donde hay un alto impacto».

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Una de las razones, arguye, es que el país se encuentra atravesando por una mega sequía desde hace al menos 13 años.

La otra obedece más a las características propias de la región. «Los dos ríos, La Ligua y Petorca, son 100% pluviales. Eso significa que no se ve agua desde hace 25 años porque no llueve. Si no llueve, no hay agua».

También porque en la región de Valparaíso no hay «alta cordillera». «Por darte un ejemplo, en Santiago (de Chile), el río Mapocho todavía tiene agua porque llovió y tiene alta cordillera».

Con respecto a por qué la comunidad no recibe agua, asegura que hay un problema de gestión con los sistemas de Agua Potable Rural (APR) que escapa de las manos de la industria agrícola, ya que varios de ellos tendrían déficit de gestión o personal, según dice el representante del comité.

Las APR son agrupaciones creadas en los años 60 para captar, almacenar, potabilizar y distribuir el agua entre familias vecinas. Desarrollan servicio de entrega de agua potable sin fines de lucro en zonas rurales.

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Desde Esval, la empresa sanitaria que distribuye las aguas potables y servidas de Valparaíso, niegan que puedan solucionar el problema debido a que Petorca es una comuna rural, algo que por ley escapa de sus manos.

Dicen haber apoyado técnicamente a 13 sistemas APR de la región para reforzar el suministro a través de convenios establecidos con las comunidades, beneficiando a más de 15.000 habitantes.

También dicen que están preparando, en conjunto con la dirección de Obras Hidráulicas, una estrategia de Acceso Universal al Agua para interconectar a las APR a una red de suministro «en el corto o mediano plazo».

En lo que respecta a lo que está ocurriendo en Petorca, «Esval no tiene ninguna relación con el cierre de escuelas por falta de agua», aseguran.

BBC Mundo intentó comunicarse con representantes de la Dirección de Obras Hidráulicas de Chile, pero al momento de publicar esta nota, ningún vocero había dado su declaración.

El pasado noviembre, la representante de la Unión de APRs de la cuenca del Río Petorca, Camila Donoso, dijo a los medios chilenos que nunca antes se había presentado una situación tan extrema en la comuna.

«Nos vemos en el mes de noviembre con escuelas cerradas. Esto pasaba mucho en los meses de marzo o abril antes de las lluvias». Una vez más, dicen sentirse de manos atadas.

«Voz desesperada»

«Estamos haciendo una voz desesperada, las voces del campo», implora Villalobos viendo el panorama que se avecina este próximo verano.

«Es un sentir que tenemos, el derecho de defenderlo con toda nuestra fuerza porque es nuestra identidad como personas rurales de nuestro país».

«Porque siempre nos enfocamos en las urbes, donde viven millones. Pero en pequeñas provincias como la nuestra de verdad que el dolor se agudiza. Y esto puede producir algo muy doloroso más allá: que se produzca una migración».

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El pasado 9 de diciembre, un grupo de 16 constituyentes presentó una norma constitucional para garantizar «los derechos al agua y al saneamiento».

En este documento se plantea que la privatización de las aguas «ha sido el preámbulo de la destrucción de los ecosistemas en Chile», poniendo como ejemplo a la localidad de Petorca.

Los habitantes de Petorca esperan que el actual proceso Constituyente, que redactará una nueva Constitución, garantice el agua como un bien no material y se establezca como un derecho humano. Pero como bien dice Mundaca, es un proceso de más largo aliento.

«Sería fundamental restituir el agua al dominio de la tierra, que haya una nueva institucionalidad hídrica que no esté cortada por el modelo de negocio»; dice Mundaca. «Que haya también consejos de cuencas, es decir, que el agua no sea condición de exclusión».

«Porque finalmente quienes opinan con respecto al uso del agua en los territorios son los propietarios, y los no propietarios sencillamente no opinan».

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