¿Por qué la reforma aprobada ayer hace que el mercado laboral sea menos flexible hoy?

¿Por qué la reforma aprobada ayer hace que el mercado laboral sea menos flexible hoy?

La nueva reforma laboral que aprobó ayer el Consejo de Ministros entra ya hoy en vigor. En el largo proceso de negociación que ha vivido, el texto ha variado de la derogación total, a solo los denominados aspectos más lesivos para quedar en una modernización que, sin embargo, introduce más rigidez para la contratación en el mercado laboral con peores cifras de desempleo de la UE, junto a Grecia.

Nominalmente, el nuevo marco trata de resolver el alto desempleo que España genera de manera estructural y, con este problema, la temporalidad y la precariedad en los contratos. También reequilibrar la capacidad de negociación en el seno de las empresas, devolviendo a los sindicatos parte de las facultades que perdieron en 2012 y que para estas organizaciones era un asunto capital. Los despachos expertos en derecho laboral señalan que ninguno de los cambios introducidos favorece la flexibilidad, que es lo que demandan las empresas para hacer más intensa la contratación. Garrigues o Sagardoy, entre otros, matizan que, dadas las circunstancias, se trata de se trata de restricciones moderadas y prudentes.

El punto principal es la temporalidad, en el que la contratación en España es un caso extraordinario que Bruselas ha llamado a corregir. La tasa de temporalidad del mercado laboral español es 11,1 puntos superior a la media europea y uno de cada cuatro contratos que se firmaron en noviembre tenían una duración de menos de una semana. Es llamativo que el principal motor de la temporalidad en España es el sector público, concretamente el autonómico en los sectores de educación y sanidad. Pero también hay una vuelta atrás en la ultraactividad de los convenios, por ejemplo.

Se acota en la causalidad y en sus plazos, con fuertes sanciones de 10.000 euros por cada trabajador en vez de por empresa para las empresas que se salgan de la norma. El contrato temporal por circunstancias de la producción para situaciones imprevisibles o por desajuste temporal de empleo no será superior a seis meses, ampliables hasta otros seis. Para situaciones previsibles como una campaña comercial, podrá utilizarse durante un total de 90 días, nunca de manera continuada. Dentro de estos supuestos, los contratos temporales de menos de 30 días tendrán una cotización adicional a cargo del empresario una vez se liquiden que será hasta tres veces la actual.

Los trabajadores que superen los plazos establecidos serán convertidos en indefinidos, así como quienes acumulen 18 meses de trabajo en un plazo de 24 meses, en el mismo o diferente puesto de trabajo con la misma empresa o grupo de empresas si acumulan dos o más contratos directamente o a través de su puesta a disposición por empresas una ETT (Empresa de Trabajo Temporal).

La modalidad por excelencia de la contratación temporal y una de las más recurrentes en áreas como la construcción desaparecerá. Podrán seguir vigentes un máximo de seis meses desde la entrada en vigor de la reforma laboral. En el sector de la construcción el contrato ordinario también será el indefinido, pero una vez finalizada la obra, la empresa deberá ofrecer una propuesta de recolocación al trabajador, que en caso de ser rechazada o no poder producirse llevará a la extinción del contrato con una indemnización del 7 % calculada sobre conceptos salariales del convenio.

Actualmente se sitúa en el entorno del 25%. Es de suponer que el primer recorte debería llegar de la mano de la Administración, que no se rige por esta norma pero negocia con los sindicatos para dejar de ser un foco del problema. También se producirá un efecto estadístico, al contabilizarse como indefinidos los contratos fijos-discontinuos (para trabajos de naturaleza estacional o vinculados a actividades productivas de temporada),que hoy son temporales. Más allá, los empresarios consideran que un esquema basado en sanciones en vez de incentivos siempre es menos eficaz y puede llevar algunas contrataciones al mercado negro.

Aunque haya voces discordantes, en general, los empresarios han visto desaparecer la amenaza de una contrareforma laboral o, como señala un abogado, «pasar de la muerte a un constipado». Los términos en los que ha sido aprobado el texto moderan la intención inicial de Trabajo y las exigencias de los sindicatos, aunque hay cierta disconformidad y el trámite parlamentario podría deparar sorpresas.