¿Qué significa para España que el BCE comience a cerrar el grifo del dinero en Europa?

¿Qué significa para España que el BCE comience a cerrar el grifo del dinero en Europa?

Europa El BCE inicia la retirada «progresiva» de estímulos pero mantiene los tipos ante el aumento de los precios

El Banco Central Europeo (BCE) inició ayer la retirada de los estímulos que intensificó tras el estallido del coronavirus en marzo de 2020. La entidad no subirá por ahora los tipos de interés, pero anunció el fin de las compras de deuda en el marco de su programa especial para la pandemia (PEPP). ¿Qué impacto tendrán estas medidas? Repasamos algunas claves:

No. La mayoría de los analistas daba por descontado que el BCE no seguiría la estela de la Reserva Federal de EEUU (Fed) ni del Banco de Inglaterra a la hora de aumentar los tipos de interés. Tampoco se salió de lo esperado el reajuste en sus programas de compra de deuda principales.

Sin embargo, lo más llamativo de la comparecencia de Christine Lagarde estaba en las previsiones de inflación para el próximo año. El BCE comenzó diciendo que la inflación era cuestión de meses; después rectificó y dijo que duraría más de lo previsto y ayer no sólo apuntó que los precios se mantendrían altos «la mayor parte de 2022», sino que casi duplicó sus proyecciones para el próximo año. En concreto, las elevó desde el 1,7% que predijo en septiembre hasta el 3,2% de este jueves.

«Este cambio es de una magnitud relevante, lo que demuestra que el BCE no es infalible, por ello pensamos que se equivoca al no subir tipos de interés en 2022 dadas las fuertes expectativas de crecimiento del PIB y de la inflación», apunta Hernán Cortés,socio de Olea Gestión y cogestor del fondo Olea Neutral.

«En un contexto de aumento de la trayectoria prevista para la inflación, esta decisión ha despertado interrogantes. Como en el caso de la Fed y el Banco de Inglaterra, esto podría haber provocado una respuesta en materia de política monetaria, pero hoy el BCE no ha querido hacer más», añade Ulrike Kastens, economista europeo para DWS.

Los precios no son el único factor que condiciona la hoja de ruta del Banco Central Europeo. Enfrente tiene la recuperación de la economía de la región, que en los últimos meses ha ralentizado su ritmo; para 2022, de hecho, ha reducido los pronósticos de crecimiento del 4,6% al 4,2%. Lagarde dio muestras ayer de su preocupación por este aspecto y explicó que su hoja de ruta trata de mantener el equilibrio entre ambos aspectos. El principal temor del propio BCE, de los mercados y economistas es que una retirada precipitada de los estímulos frene de golpe la evolución de la economía, como sucedió en la anterior crisis financiera, y tire por tierra los esfuerzos realizados en los últimos años.

Todo comenzó con el «Whatever it takes» de Mario Draghi durante su presidencia en el BCE. El plan de expansión monetaria iniciado por el italiano contuvo la crisis financiera que casi se lleva por delante al euro y a varios países en el año 2012 y Lagarde decidió seguir esa estela regando los mercados de liquidez para hacer frente al impacto de la pandemia. Las compras masivas de deuda han permitido a los Estados, empresas y familias financiarse durante años a costes muy bajos y ello ha permitido a los países aumentar el gasto a precios asumibles.

La otra cara de estas medidas es que los países han acumulado un volumen de deuda que podría ocasionarles problemas financieros y presupuestarios si los estímulos se retiran de forma brusca o si los tipos de interés suben mucho en muy poco tiempo, de ahí las cautelas en la retirada.

España es uno de los países que más se ha beneficiado durante estos años de esas compras masivas de deuda pública y privada por parte del BCE. Los costes de financiación del Estado español se han reducido y las empresas y familias del país, como ha ocurrido en el resto de miembros, han tenido acceso a una financiación más barata.

Si el BCE decidiera ahora un repliegue de mayor envergadura o a mayor velocidad, España, junto con otros países como Italia, sería uno de los países que podría enfrentar serias dificultades de estabilidad financiera para su economía.

Es una de las incógnitas, sobre todo teniendo en cuenta que tanto la Fed como el Banco de Inglaterra ya han comenzado el camino de ascenso. Los expertos coinciden en que no será antes de 2023 y así lo dejó entrever también ayer Lagarde. Konstantin Veit, gestor de carteras de PIMCO, apunta en este sentido que «aunque esperamos una reducción gradual del ritmo de las compras netas de activos a medida que mejore la situación de la pandemia, sigue siendo menos probable que el BCE ponga fin a la relajación cuantitativa y suba los tipos de interés oficiales en un futuro próximo».