Regantes, los grandes olvidados en la lucha contra el cambio climático: «Con más inversión se evitarían inundaciones y sequías»

Regantes,  los grandes olvidados en la lucha contra el cambio climático: «Con más inversión se evitarían inundaciones y sequías»

A sus 55 años, Ángel González Quintanilla acude cada mañana a su explotación de regadío de 40 hectáreas ubicada en Santa María del Páramo (León) con el móvil en la mano. Los tiempos han cambiado mucho y él, como el resto de los 3.000 agricultores que forman la Federación de Comunidades de Regantes del Duero, de la que es el presidente, cuenta con una aplicación en su teléfono que detalla, por ejemplo, con precisión -incluso a través de mensajes de alerta- a qué hora se abre y se cierra el sistema de riego de las tierras, qué tipo de averías se han producido, cuántos litros de agua se han gastado o qué zonas necesitan mayor o menor volumen de riego. «Es una tecnología tan potente que jamás lo hubiéramos pensado los que empezamos, la mayoría por tradición familiar, hace 40 años», confiesa.

Con este revolucionario método, «hay días que si queremos no pisamos el campo, porque todo lo tenemos controlado desde el móvil, además de evitar un riego descontrolado; ahora se gasta el agua justo que se necesita para regar las planta, la semilla plantada en el suelo, y conseguir los alimentos, pero ni una gota más ni una menos cuando antes se regaba ‘a manta’; en esto se ha avanzado mucho y nos evita, por ejemplo, el estar sobre el terreno de madrugada; lo podemos hasta contemplar a través del móvil».

Se trata de un ejemplo de los muchos que existen de la modernización realizada por el sector del regadío en España, que permanece siempre bajo sospecha por la presunta utilización abusiva de agua o de nitrato para abonar las explotaciones agrarias. Sin embargo, los datos oficiales ofrecen otra perspectiva. Con una inversión superior a los 5.000 millones de euros en la última década, nuestro país se ha situado en la segundo posición a nivel mundial (76,01%) de regadío modernizado sobre el total de la superficie del sector (3.831 miles de hectáreas), sólo por detrás de Alemania (98,15%). Este sistema ha supuesto una importante reducción en el uso de agua al pasar de 24.250 hm3 por año – lo que representaba un 80% de los usos consuntivos (gasto de agua utilizada y que ya no puede volver a utilizarse)- a los actuales 15.495 hm3 actuales, en torno al 63%, según las últimas cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística (año 2018).

En España, el regadío supone cerca del 15% de la superficie agraria útil y casi un 60% de la producción final agrícola nacional, de la que el 67% representa la producción final vegetal, según los datos de Fenacore (Federación Nacional de Comunidades de Regantes de España), que agrupa a más de 700.000 agricultores y dos millones de hectáreas, es decir, más del 80% del global del regadío nacional.

En pleno debate (el periodo para formular alegaciones termina el 23 de diciembre) sobre los próximos planes de cuencas hidrográficas en el territorio nacional, y que se renuevan cada seis años, el Gobierno contempla ahora «exclusivamente infraestructuras relacionadas con el abastecimiento a la población para dejar a un lado las obras hidráulicas, de las que sólo se han ejecutado el 17% de los planes presupuestados, es decir, sólo dos de cada diez euros de la inversión prevista», se queja Andrés del Campo, presidente de Fenacore.

Este «agujero» en la inversión es la causa principal de que a pesar del crecimiento experimentado en los últimos años, casi un millón de hectáreas continúan pendientes de modernizar. Junto a la falta de ejecución de proyectos hidráulicos, «resultarían determinantes para mitigar los impactos del cambio climático, como las inundaciones y las sequías, que cada vez son más frecuentes». Del Campo explica que «las infraestructuras hidráulicas son las grandes olvidadas en la agenda del Gobierno», lo que conlleva que, paradójicamente, queden muy lejos de alcanzar los objetivos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico «en la lucha contra el cambio climático o la despoblación de las zonas rurales». Para este experto, «se van a necesitar más embalses, al igual que trasvases, porque las lluvias serán cada vez más de carácter torrencial y los periodos de sequía, más amplios», especifica.

En este sentido, esta entidad denuncia que en los 25 Planes Hidrológicos revisados en el segundo ciclo (2015-2021) se incluían 11.224 medidas y una inversión prevista de más de 22.000 millones de euros. Sin embargo, según los últimos datos disponibles, hasta diciembre de 2018 sólo se habían finalizado el 7% de las medidas, con una inversión ejecutada de 3.650 millones de euros, aproximadamente el 16%, cuando el periodo transcurrido superaba el ecuador temporal del plan. En concreto, el número de presas en explotación en España en estos momentos asciende a 1.230, de las que 214 se han construido en los últimos 25 años, a razón de 3-4 al año. ¿Suficientes? «Sería más barato regar cualquier producción agraria con whisky Chivas que con agua de procedente de una desaladora», bromea del Campo.

Con estos números, concluye que «existe una amenaza real de no tener suficiente agua para regar durante los próximos años», advierte, un «peligro» que ya trasladó esta organización al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una carta donde expresaban el malestar del campo por la discriminación que sufre el regadío en la agenda política.

«Tenemos una conciencia ambiental muy positiva», señala Juan Valero de Palma, secretario general de Fenacore: «Los tiempos han cambiado y los regantes, y los agricultores en general, invierten en el medio ambiente, entre otras cosas porque son ellos los que están en contacto con la naturaleza; existe una gran preocupación en el sector por los perjuicios que significa el cambio climático, con la erosión de los terrenos, por conseguir una producción más sostenible, por hacer las cosas con sentido común», subraya. En especial, se debería de armonizar una política de agua que garantice el abastecimiento de la población de 50 millones de españoles a través del aprovechamiento y mejora de los recursos naturales a través de las infraestructuras hidráulicas. Estos planteamientos chocan con la imposición «por motivos ideológicos» de numerosos caudales ecológicos «que generan un incremento de gastos que debe de conocerse para que la sociedad pueda valorarlos».

Juan Valero se pregunta qué pasaría si no existieran embalses en España -«tan denostados últimamente»- y no se pudiera abrir el grifo de las casas en julio y en agosto, la época de mayor sequía. En su opinión, la solución es plantear un estudio «mesurado» y «riguroso» sobre planificación hidráulica en España y conocer a través de análisis técnicos desde el número de embalses que se necesita hasta el caudal mínimo circulante en cada zona natural. Esta estigmatización del sector impide, por ejemplo, una nueva regulación en las tarifas eléctricas que afrontan los regantes. El sector aboga por dos contratos eléctricos anuales, lo que les permitiría ahorrar al menos un 20% de los costes, ya que durante siete meses no utilizan el sistema.

Desde su explotación en Santa María del Páramo, Ángel González, recuerda que «las únicas boinas de contaminación que yo he visto son las que hay sobre las grandes ciudades, no en el mundo rural, donde sólo veo capas verdes, así que no por estar más en el campo contaminamos más, ese es un planteamiento erróneo, porque además nuestra herencia, nuestro único legado para nuestros y nietos, será dejarles lo mejor cuidado posible el mundo donde vivimos, y donde vivimos es en el Medio Natural, así que sólo por eso nos interesa tenerlo bien cuidado», sostiene.

El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, aseguró ayer de forma pública que el regadío va a contar con la mayor inversión pública de las últimas décadas, lo que va a permitir un gran avance «no solo en sostenibilidad medioambiental, en la eficiencia de los recursos y en la tecnificación, sino también en el incremento de la productividad y rentabilidad del sector agrario». Para el ministro, el futuro del regadío será sostenible «sí o sí», lo que inevitablemente pasa por acometer su modernización.

Para ello, los fondos del Plan de Recuperación junto al convenio ordinario del Ministerio con la Sociedad Mercantil Estatal de Infraestructuras Agrarias (Seiasa) van a permitir movilizar -según los datos del Ministerio- una «cifra histórica» de 1.243 millones euros en el periodo 2021-2026, lo que supone casi 200.000 hectáreas de superficie regada y más de 20.000 regantes beneficiados.

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